Procrastinación: ¿qué es y qué no es? Y por qué es importante diferenciarlo
- Meta Amelia Santos

- 26 sept 2025
- 2 Min. de lectura
La palabra procrastinación se ha vuelto muy común en los últimos años. Sin embargo, no siempre usamos el término con precisión. A veces llamamos procrastinación a cualquier retraso, cuando en realidad no siempre lo es. Entender la diferencia puede ayudarnos a relacionarnos mejor con nosotros/as mismos/as, sin caer en la culpa o el juicio severo.
¿Qué es procrastinar?
Según Tim Pychyl, investigador y especialista en el tema, procrastinar es postergar voluntariamente una acción prevista —algo que quiero o debo hacer— a pesar de saber que retrasarlo va a traerme consecuencias negativas.
Es decir: yo sé que me conviene empezar, pero lo dejo para después. Y lo hago porque de esa manera evito enfrentarme con emociones desagradables, así es como aprendí a resolver estos estados internos de malestar.
¿Qué no es procrastinar?
No todo retraso es procrastinación. Es importante distinguir:
Retrasos a propósito por otras prioridades. Si decido conscientemente aplazar una tarea porque en este momento hay algo más urgente o importante, no estoy procrastinando.
Retrasos inevitables. Un accidente, una enfermedad, un vuelo atrasado… no dependen de mí.
Retrasos por procesos internos. Estar pasando por un duelo importante, estar en mi etapa creativa o recopilar información antes de tomar una decisión. Eso también es parte natural de mi ritmo.
¿Por qué importa diferenciarlos?
Porque si no hago esta distinción, puedo cargarme de emociones innecesarias como la culpa, la frustración o el autodesprecio. Y cuando entro en esa espiral autocrítica, me resulta más difícil encontrar motivación y energía para actuar.
En cambio, si me conozco y reconozco mis propios ritmos, puedo aceptar cuánto tiempo necesito para cumplir lo que me propongo. La pregunta es: ¿me estoy respetando o me estoy comparando con los ritmos de otras personas?
La comparación en la era de las redes
Hoy en día es muy difícil no compararse. Estamos expuestas a las vidas de millones de personas en redes sociales, donde la mayoría solo muestra lo alegre y exitoso. Muy pocos comparten sus dificultades.
Si me comparo constantemente con esa “versión editada” de la realidad, corro el riesgo de exigirme más allá de mi realidad en este momento y juzgarme con dureza cuando no cumplo.
Una invitación
La procrastinación no es simplemente un problema de manejo del tiempo. Es una forma cómo nos relacionamos con nosotras mismas. Si cada vez que postergo me enjuicio cruelmente, solo estaré reforzando mis creencias inconscientes de que “no soy capaz” o “no merezco”.
En cambio, si me observo con curiosidad y compasión, puedo distinguir entre un retraso natural y el bloqueo emocional que necesita de mi atención. Porque todas mis emociones son señales de que algo importante para mí está sucediendo y necesitan de mi atención. Esa diferencia me da espacio para actuar con más libertad, sin paralizarme.





Comentarios